Entre las víctimas indirectas de la Segunda Guerra Mundial estuvieron los japoneses que vivían en Estados Unidos.
La mayoría de los que vivía en Hawai (donde Japón había iniciado la guerra bombardeando Pearl Harbour) tuvo que aprender a vivir con la apatía y el rechazo social. No eran el enemigo, de hecho la mayoría era de nacionalidad estadounidense, pero sus rasgos físicos y su procedencia despertaban recelos. Y si en Hawai era duro ser de origen japonés y ser tratado como enemigo del país, en el continente las cosas no se presentaban mejor para ellos. Allí fue donde se produjeron más hostilidades en contra de los japoneses.

Al principio de la guerra unos 120.000 japoneses vivían en la costa oeste de Estados Unidos, la mayoría en California. A pesar de la falta de evidencias o pruebas creíbles, Roosevelt sucumbió a la insistencia de parte de los estadounidenses de que los japoneses no eran de fiar. Se podrían tratar de espías y, como no estaban en posición de distinguir cuáles lo eran, todos debían ser clasificados como «extranjeros enemigos» y, de alguna manera, poder tenerlos controlados. El 19 de febrero de 1942 el presidente firmó la orden ejecutiva número 9066 que daba al ejército autoridad para establecer zonas del país en las cuales «algunas o todas las personas así consideradas debían estar excluidas».

Los militares decretaron que todos los descendientes de japoneses fueran desplazados de la costa oeste por haber sido declarada zona estratégica. Tuvieron que vender sus propiedades y negocios, en muchas ocasiones a precios ridículos, abandonar sus hogares y establecerse en uno de los diez campos de reubicación construidos por el gobierno. Mientras estuvieron allí, contribuyeron al esfuerzo bélico cultivando el campo o trabajando en fábricas. Los que se negaban a hacerlo acabaron en prisión.

Algunos ciudadanos de origen japonés protestaron. De poco les sirvió y en algunos casos, estos ciudadanos más combativos, fueron recluidos durante más de dos años, hasta que a finales del año 1944 (todavía en guerra) el Tribunal Supremo resolvió que no era apropiado detener a personas cuya lealtad no estaba en cuestión.

A finales aquel año se comenzaron a cerrar los campos y se permitió a las familias volver a la costa oeste. Por aquel entonces ya había unidades con estadounidenses de origen japonés luchando en Francia e Italia, a pesar de lo cual la discriminación hacia ellos continuó durante mucho tiempo después de acabar la guerra. En un intento de mejorar su imagen y reparar los daños el gobierno federal ofrecería compensaciones a las víctimas a partir de 1951, pero no se disculparía hasta 1988 afirmando que la concentración de prisioneros se debió a «los prejuicios raciales, la histeria bélica y la deficiencia del liderazgo político».

Post A Comment:

4 comentarios:

  1. La verdad es que desconocía este episodio de a historia. Por lo que se ve en la guerra todos juegan a lo mismo.

    ResponderEliminar
  2. Y hay que considerar que estas fotos fueron sacadas por los norteamericanos, o sea que armaron una colonia de vacaciones.

    ResponderEliminar
  3. Yo tambien lo ignoraba, hace unos momentos estaba viendo la historia de Tokyo Rose y al ver como se "relocalizo" a las personas de origen japones inmediatamente me vino a la mente los campos de concentracion alemanes... que injusto.

    ResponderEliminar
  4. como manipulan los americanos la historia, esta parte la ignoraba totalmente, pero hay q ver las barbaridades q los americanos han realizado durante mucho tiempo en contra de los extranjeros, hay q ver las historias q narran los cubanos cuando intentaban entrar a USA durante los años 50.

    ResponderEliminar